Spanish Radio Program

03 October 2008

El Poder de un Cuarenta y Seis: Diez

The Power of a Forty-Six:Ten

Estad quietos y reconoced que yo soy Dios. Exaltado he de ser entre las naciones; exaltado seré en la tierra. Salmos 46:10

El mundo de un cierto hombre de negocios estaba colapsando y mientras éste le conversaba a un amigo de sus dificultades, el amigo dijo, “Lo que necesitas es una dosis de 46:10!” Cuarenta y seis diez! Esto era algo nuevo para él. El hombre sabía lo que era una .357, y lo que era una .38! Estos son calibres de revólveres bastante letales y muy poderosos. Para salir de la curiosidad, el hombre preguntó, “Qué es un 46:10?” En vez de darle una respuesta directa, el amigo le dijo que le enviaría algo para que pudiera entender.

Días más tarde, el hombre de negocios recibió un sobre acolchado en el correo, y cuando lo abrió, para su sorpresa recibió una placa de madera con una inscripción grabada con los números 46:10. Dio vuelta a la placa y encontró el siguiente mensaje: “Estad quietos y conoced que yo soy Dios…” (Salmos 46:10). El hombre exclamó, “Ah esto es 46:10!”

Pregunta: Cuál es la fuente de su protección cuando los enemigos están agazapados debajo de su ventana esperando atacarle? Qué defensa tiene? Cuando la gente le calumnia, y sabe que está en peligro, cómo se defiende? Una dosis de su propia medicina? Les devuelve mal por mal? Un revólver .357 o un 46:10? Recuerde, Dios dijo, Estad quietos y conoced que yo soy Dios. Una versión de la Biblia traduce el verbo estar quietos como “dejar de luchar.” La raíz de la palabra Hebrea quieto significa dejar caer sus manos. Piense por un momento qué le pasaría a un boxeador si dejara caer sus manos? O cuando usted se va a caer, cuál es la manera instintiva en que reacciona con sus manos?

Cuando Dios esté allí para agarrarlo, para sustentarlo, protegerlo, para ser su escudo y defensa, su corazón dejará de palpitar a toda velocidad. Su presión arterial se normalizará y sus manos sudorosas se secarán.

Un pensamiento final: El salmista termina ese gran capítulo con el siguiente pensamiento, “El Dios de Jacob es nuestra fortaleza.” Y quién es Jacob? Un ladrón, un engañador que robó la herencia de su hermano. Un hombre bueno? No exactamente, pero el Dios Todopoderoso se convirtió en su Dios. Me doy cuenta que no importa lo que haya hecho, o cuán malo haya sido, El será también mi Dios y me sustentará. Sí, aquiete su corazón, deje de intentar defenderse por usted mismo, y permita que Dios sea su fortaleza. Ese 46:10 es una poderosísima defensa.

Lectura: Salmos 46