Spanish Radio Program

01 October 2008

El Costo del Perdon

The Cost of Forgiveness

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Juan 1:4

La tarjeta navideña más llamativa que he recibido en años me llegó la Navidad anterior. La tarjeta tenía un título que decía: LA HISTORIA ESTÁ LLENA DE HOMBRES QUE SERIAN DIOSES y debajo constaban los nombres de nueve hombres poderosos: Alejandro Magno, Tutankamón, Julio César, Maharishi Yogi, Adolfo Hitler, Vladimir Lenin, Napoleón Bonaparte, Gautama Buda, y Mato Tse Tung.

Pero lo que hacía a la tarjeta inusual era la leyenda interna, que decía, PERO SOLO UN DIOS SERÍA HOMBRE, con el niño Jesús en el pesebre, José y María.

Los teólogos lo llaman encarnación, una palabra que viene del Latín que significa “en carne. Pero, realmente Dios se convirtió en hombre? Y si es así, dejó Dios de ser Dios?

Las Escrituras son profundas y claras al mismo tiempo. Dicen que Dios, el Padre amó tanto a este mundo que dio a su hijo unigénito. Dios, el Hijo, se despojó de su rol de Dios, renunció al derecho de sentarse a la diestra del Padre para nacer y ser un hombre de carne y hueso. Un lado de este suceso es simple: Dios entiende mi abatimiento, mi dolor, mi sufrimiento, aun las limitaciones de mi gozo y felicidad. Dios se hizo hombre, completamente humano, completamente normal.

Es aquí donde nuestro entendimiento es desafiado porque el ser completamente humano y completamente Dios significa algo diferente, algo maravilloso, sí algo sobrenatural. El Apóstol Pablo en Filipenses 2, explica cómo Jesús dejó a un lado su deidad para convertirse en hombre.

¿Fue Jesús, quien nació en Belén y vivió la mayor parte de su vida en la ciudad de Nazaret, ubicada el norte de Jerusalén, como nosotros en el sentido de que fue tentado, y puesto a prueba entre el bien y el mal? Las Escrituras dicen que fue tentado en todo, pero no cometió pecado. Como hombre podía pecar, pero al mismo tiempo, tenía el poder de no pecar y esto nos da esperanza.

Asombrosamente, Jesús dijo, “Te perdono, vete y no peques más!” Solamente Dios podía hacer eso. Muchos hombres pueden querer ser Dios, pero solo un Dios escogió ser hombre. Es sorprendente, pero verdadero. Cuando Juan dice que Dios nos amó tanto que envió a su hijo unigénito, él añade algo muy poderoso. Dice, “Para que todo aquel que en El crea no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Esa es la verdad central, y si usted se la pierde, ha perdido la esencia de todo el asunto. Dios nos amó y se entregó para que podamos tener vida eterna.

Lectura: Juan 1:1-12